El Presidente Lugo, el 19 de noviembre, aparece con dos discursos: un mensaje a la nación, por la mañana, desde el palacio de gobierno en el que advierte amenazante que “el cambio no se detendrá”. A la tarde, en el Hotel Sheraton y ante los empresarios, utiliza un discurso a la medida del auditorio, con tono y contenido radicalmente distintos. En el primero hablaba Fernando Lugo; en el segundo, el Presidente asesorado.
El de la mañana era una advertencia para “los que perdieron sus privilegios”, mucho de ellos presentes a la tarde en el Sheraton donde recibieron reconocimiento y promesa de apoyo. Ellos están acostumbrados a los vaivenes políticos, a mimetizarse, a aguardar, a estar al acecho. Manejan las reglas y los códigos perfectamente. Son expertos en vueltas de tortillas; para ellos ambos discursos tienen poco o ningún valor.
El mensaje de la mañana, en otro tono, con otro contenido, pudiera haber sido de esperanza, útil para renovar el apoyo de quienes lo votaron. Sin embargo, el tono, esa actitud y ese contenido es el que causa decepción a muchos y temor en otro número creciente de personas que confiaron en él.
Son decenas de miles los paraguayos que habiendo votado por Lugo hoy tienen la convicción que su gobierno nos arrastra a una forma de tiranía en el marco del diseño Castro-Chavista del Socialismo Siglo XXI.
Otros miles que votaron en contra del estilo Nicanorista o por una alternancia con la Alianza Patriótica para el Cambio, ven decepcionados como Lugo y su gente son absolutamente incapaces de producir cambio alguno, para mejorar la política, la economía y la situación social.
Ambas percepciones son correctas. Lugo pretende llevarnos al Socialismo Siglo XXI pero mientras reúne las fuerzas necesarias para imponernos ese modelo, utiliza todos los recursos de las prácticas políticas de los últimos gobiernos que en nombre de la ANR, gobernaron el país.
En este sentido, el Gobierno en vez de ser del Cambio, resulto ser de reafirmación.de la lógica, del estilo y de los vicios que más rechazamos y despreciamos de los gobiernos anteriores, incluido el Stronismo.
Strossner ya promovía la confrontación entre buenos y malos paraguayos; hoy Lugo la promueve entre ricos y pobres. En definitiva, ambos manejados por el retrógrado rencor característico de la guerra fría.
El Stronismo ya rechazaba el “imperialismo Yankee” y el “capitalismo salvaje” cuando EEUU exigía respeto a los Derechos Humanos y libertad económica. Hoy el equipo de Lugo rechaza a los EEUU por principio.
Con el Stronismo, los vínculos internacionales más estrechos eran con las tiranías de derecha, hoy son con las autocracias de izquierda y los bloques que la representan.
Stroessner movilizaba a las organizaciones sociales amarillas para amedrentar a los adversarios o para respaldar a su Gobierno. Hoy, Lugo moviliza a los campesinos organizados desde el Gobierno, sobre bases ideológicas o prebendarías, con idénticos propósitos.
Stroessner ya relativizaba el valor de la ley ignorándola cuando se le antojaba, aunque proclamara que Gobernaba con la ley en la mano. Lugo hace lo mismo, solo que declara que la ley hay que cumplirla “si conviene”.
En fin, podríamos seguir llenando páginas señalando similitudes entre los gobiernos desde Stroessner a los de la transición con el actual de Lugo; o no podríamos reconocer por ejemplo, que -como antes- no se designan diplomáticos profesionales para el servicio exterior, que la burocracia estatal se sigue moviendo en base a coimas, que el nepotismo es el de siempre, que las características esenciales del Presupuesto General de Gastos son idénticas, que los programas sociales son prebendarios y fomentan la haraganería, que Itaipu y Yacyreta siguen financiando la propaganda oficial, que los vendedores de artículos robados o falsificados están en las mismas veredas, que los maletines siguen circulando por las misma vías de siempre, que los niños de la calle están en las mismas esquinas, los indígenas en las mismas plazas, los planilleros, los poli bandis, los peajeros, los invasores, los depredadores, los contrabandistas, los marihuaneros etc.etc. están ahí como siempre, de la misma manera y con el mismo trato. Pero, sobre las señaladas, son muy notables las similitudes específicas con los dos últimos Gobiernos, los de González Macchi y Nicanor Duarte.
Como muestra, algunos botones:
a) Gabinete compartido con Radicales Auténticos (la misma cantidad de ministerios), con el Encuentro Nacional (todos sus dirigentes tuvieron y tienen altos cargos), y con otros partidos menores. El Vice Liberal.
b) En ambos gobiernos, el poder real no se encuentra en las estructuras institucionales sino que en un reducido grupo de amigos políticos, socios comerciales y cómplices en chanchullos y negociados. El Vice no cuenta para Gobernar.
c) La frivolidad, el despilfarro, la farra, la chabacanería, el desprecio por lo que en general consideramos socialmente “buenas costumbres” y políticamente “buen desempeño”.
d) El cuoteo político como mecanismo de selección, elección y nombramiento para los cargos públicos.
e) Las denuncias bien fundadas de negociado y corrupción, son “sonsera itereí para Lucho y vyroreí para Lugo. Es decir, en español, esos millones de dólares, por igual “no tienen importancia alguna”.
a) Cual es la diferencia entre los negociados de Judith Andrashko con los dirigentes sin techo y los negociados de Alderete del Indert con su socios dirigentes de los sin tierra.
b) Nicanor y sus dirigentes sin techo establecieron zonas liberadas en el Dpto Central como Marquetalia y Lugo con sus amigos dirigentes campesinos con sus territorios liberados en San Pedro.
c) Los aviones venezolanos ya operaban, con Nicanor, sin registros y violando las normas internas de control y migración.
Lo dicho: el Gobierno tiene un sentido de reafirmación, no de cambio. Pero su objetivo es viabilizar el cambio, pero al modelo que muchos tememos.

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