Si el lema es “Cambio o Muerte”, la perspectiva es terrible para el país
En los recientes encuentros de organizaciones izquierdistas de nuestro país se oyó con mucho énfasis la bandera de batalla que los alienta, “Socialismo o Muerte” (de origen castrista, pero vuelta a poner de moda por los bolivarianos chavistas). Nuestros oradores la emplean a veces con ligeras modificaciones, como “cambio o muerte”, “revolución o muerte”, “triunfo o muerte”, etc., etc. Es interesante analizar la segunda palabra, que siempre es constante: “muerte”. Cualquiera que sea ingenuo podría creer que el grito significa que los que se comprometan con el socialismo, la revolución, el cambio o la causa que sea deberán escoger entre su triunfo o su muerte personal. ¡Error! El grito de “muerte” es para quien se resista a ellos.
Si bien es cierto que los lemas que se emplean en las manifestaciones de carácter social o en los mítines políticos tienen la intención de enfervorizar al auditorio y que simplemente intentan generar agitación emocional en masas desprovistas de mayor sentido crítico, algunos de ellos son útiles sin embargo para comprender mejor cuál es el alcance real de las intenciones de quienes los pronuncian.
En los recientes encuentros de movimientos y organizaciones izquierdistas de nuestro país se oyó con mucho énfasis la bandera de batalla que los alienta, “Socialismo o muerte” (de origen castrista, pero vuelta a poner de moda por los bolivarianos chavistas). Nuestros oradores la emplean a veces con ligeras modificaciones, como “Cambio o muerte”, “Revolución o muerte”, “Triunfo o muerte”, etc., etc.
Es interesante analizar la segunda palabra, que siempre es constante: “muerte”.
Cualquiera que sea ingenuo podría creer que el grito significa que los que se comprometan con el socialismo, la revolución, el cambio o la causa que sea, deberán escoger entre su triunfo o su muerte personal. ¡Error! El grito de “muerte” es para quien se resista a ellos. “Socialismo o muerte” es exactamente la misma advertencia que hacían los muyahidines o soldados de Mahoma en sus campañas de expansión del islamismo por Arabia, que se expresaba en la advertencia “¡Cree o muere”!, siguiendo las indicaciones del Corán que propiciaban la eliminación de todos los que se aferraran a las creencias politeístas anteriores.
De modo que la frase “cambio o muerte” conduce directamente a la idea de que quien no acepte lo que los neorrevolucionarios marxistas proponen merecerá la muerte. Es decir, su destrucción física o virtual (política) estará justificada, pues en el plan de establecer el “socialismo”, la “revolución” o cualquier otra idea como esa en calidad de valor supremo por el cual luchar, el eliminar todo obstáculo en su camino tiene un valor superior y plenamente legitimado por el dogma ideológico.
Según esta violenta ideología política totalitaria, entonces, no será luchando ellos y muriendo ellos por sus ideas que el bolivarianismo chavista “del siglo XXI” está prometiendo imponerse en toda América Latina, sino muriendo quienes osen interponerse en su camino.
Hace unos días, en el departamento de San Pedro unos maleantes emboscaron a un grupo de policías que estaban cumpliendo una simple tarea de rutina profesional. Mataron a uno e hirieron a otro. Los agresores hacen parte de algunas de las ya famosas organizaciones delictivas de los campesinos supuestamente “sin tierras”, heterogénea asociación de usurpadores de campos de trabajo ajenos, abigeos, saqueadores de bosques y activistas de izquierda que como justificativo declaran buscar “el cambio”. Esos policías se interpusieron entre el “cambio” y ellos, y sencillamente fueron baleados.
Esto, multiplicado varias veces y en muchos otros sectores sociales, es lo que se le está augurando al resto de la sociedad paraguaya. Mañana podrán ser matados propietarios de ganado, conductores de camiones de mercaderías o de ómnibus de pasajeros, oficiales y agentes de Policía, inspectores de organismos estatales, dirigentes políticos, comerciantes, los que se resistan a las invasiones de terrenos o a los asaltos, los líderes gremiales o religiosos que prediquen contra ellos y cualquier otro que se oponga al “cambio”.
Si los que asaltan, usurpan, secuestran o matan en nombre de la “revolución” son capturados, juzgados y condenados, resultará que inmediatamente se elevará la indignada voz de las organizaciones sociales clamando por un “¡Basta de criminalizar las luchas sociales!”. Si por casualidad muere algunos de ellos en algún incidente, serán “mártires” de la lucha contra la “burguesía explotadora”. Si, al contrario, alguien llora la muerte de los baleados o la suerte de los robados, asaltados o secuestrados, entonces estos mismos dirán: “¡Es el precio inevitable del camino hacia la revolución!”.
Los que propician desarrollar una nueva manera de hacer política en el Paraguay basados en cualquier forma de idea que eleve la muerte al nivel de valor deseable o alternativa de hierro tienen que saber que la misma violencia que están predicando puede aplicárseles. Y debe aplicárseles, aunque en el marco de la ley, porque esto último es lo que nos diferencia a los demócratas de los revolucionarios radicales.
Si la Policía u otras fuerzas armadas reaccionan con firmeza contra las organizaciones clandestinas que las acechan y las hostigan desde los bosques y estas reciben un escarmiento –podría suceder cualquier día de estos–, que por favor no se pongan a repetir una y otra vez el gastado eslogan de la “victimización de las luchas sociales”, inservible ya para convencer a nadie que tenga un mínimo sentido crítico y una pequeña capacidad de comprender el verdadero peligro que por el camino que están tomando los acontecimientos se cierne sobre la cabeza de todos los que se opongan al “cambio”.
Editorial Diario ABC Color.
24 de junio de 2.009.
Asuncion – Paraguay.

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