Me cuesta creer que el Señor Lugo carezca de perspicacia. Que no perciba genuinas señales de descontento. En un político, eso es el equivalente de un pecado capital, para hablar en la jerga del ex obispo.
Así como me resulta increíble que los famosos cien días de tregua se vean rotos por una multitudinaria demostración de repudio a su peregrina forma de combatir el hambre y la sed en el Chaco, encuentro inverosímil que no haya podido zanjar exitosamente las posiciones encontradas de dos pequeños grupos de la sociedad.
Porque hay que considerar los recursos de uno de los grupos en pugna.
Usando un parangón del pugilato deportivo, en una esquina encontramos un atomizado grupo de radicales izquierdista. En el otro rincón, a un variopinto enjambre de ruidosas avispas: “los chicos ricos” del rally. Los primeros, con muy poca experiencia en vencer obstáculos. Los últimos, sin pergaminos políticos.
No se equivoquen quienes crean que los chicos que corren el trigésimo quinto rally transchaco van a claudicar así como así por su falta de gimnasia social.
El transchaco rally es una de las pruebas más difíciles del mundo. Para participar en él, basta con tener un coche, un mecánico ingenioso, amigos que te auxilien en tres o cuatro puntos del trazado diario y algo de plata.
Pero… para ganar. Ah, para ganar, se necesita tener mucha tenacidad, perseverancia y resistencia. Evidentemente, la apuesta es más alta. Por tanto, no sólo es necesario sino imprescindible tener dinero. No obstante, no basta. Lo que no puede faltar dentro del coche son las cualidades que describimos más arriba y que fueran esgrimidas exitosamente por nuestros héroes de la guerra del chaco. Mucha gente ha enterrado millones de guaraníes y de ilusiones en el chaco. Sólo los que realmente tienen huevos logran arribar a Asunción cargados de laureles. Después de todo, con llegar nomás –como muchos anhelan- ya constituye una hazaña. Sin embargo, ganar el transchaco es la pesadilla de muchos. Una gloria reservada para muy pocos.
Si nos ponemos a observar a quienes tuvieron el privilegio de ponerse la corona de laureles, tendremos que admitir que todos ellos conservan una característica común: no se dan por vencidos fácilmente.
Y es acá donde tenemos que señalar al Señor Lugo su carencia de perspicacia.
Los cultores del transchaco rally van a bregar. Y van a dar la cara por mucho tiempo.
Lo impensable, ya ha ocurrido. De gozar de la mayor popularidad y satisfacción con su gestión entre todos los presidentes de la democracia, el Señor Lugo está empezando a ver sus acciones declinar. Y cuanto mayor tiempo impida la realización del transchaco rally, mayores serán sus dificultades para mantener su popularidad estable.
Hoy, mucha gente –especialmente sus opositores- ya habrá notado que se le puede hacer frente. Y que ponerle pecho no cuesta mucho. Sus errores de apreciación contribuyen a que sea fácilmente posible construir una real oposición.
Para mí, era impensable una situación así. Vencedor de las pasadas elecciones con un margen considerable de votos, respaldado por uno de los dos partidos más populares del Paraguay, se suponía que tener al Señor Lugo en la presidencia de la república, entrenado nada menos que en el Vaticano, era tener al timón a un hombre avispado.
Empero, si el Señor Lugo no consigue ponderar una pequeña crisis deportiva, ¿qué podemos esperar cuando se encuentre con un conflicto en las ligas mayores?
Porque, no es que se haya equivocado solamente en sopesar los efectos de un incidente menor. El hecho está en que se ha producido. Y que los perjudicados por su falta de percepción ya están tomando acciones crecientemente hostiles.
Ayer fue una pequeña columna de cien coches, jeep y camionetas. Hoy, ya fueron más de mil.
¿Hasta cuando permitirá el empinamiento de sus opositores?
¿No sería más sencillo, simple y pragmático dejar correr a estos deportistas y desinflar un globo que se está inflamando innecesariamente?
Martin Palacios.

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