Estamos hoy ante una sociedad que no reconoce los méritos, no valora el esfuerzo, ni mucho menos el éxito de las personas; por el contrario existe un gran resentimiento frente al éxito de los demás.
Precisamente, ésta actitud de resentimiento es aprovechada por los demagogos que alimentan la creencia popular de que otros han ganado demasiado a costa nuestra, y que nuestras desgracias son consecuencia de la riqueza de los otros.
Lo grave del caso es que éste resentimiento en las sociedades es mayor aun en la medida en que mayor es la ignorancia de los pueblos. Este es el campo propicios para que los populistas y demagogos vendan con facilidad el histórico cuento de su particular concepto de justicia social, sacándole al rico lo que le sobra, y “dar a cada uno lo suyo” como describía el Derecho Romano al ideal de La Justicia, pero, hecha la aclaración, sin ningún vínculo con nuestros modernos justicieros.
Como una especie de Robin Hood moderno, el populista aprovecha la desazón de las mayorías pobres e incultas, y les promete una mejor distribución de las riquezas, para él la riqueza está, la riqueza existe, solo hay que redistribuirla con justicia, lo que en el buen romance significa robar a terceros para cumplir con sus promesas.
Cuando el populista se hace del poder, sobre la base de la frustración y el resentimiento de la gente, comienza a utilizar el monopolio de la fuerza que tiene en el Estado, para “robarle” el patrimonio y el ingreso a los que más tienen para repartirlo entre los más pobres. En definitiva, lo que hace el populista es incentivar la lucha de clases, insistiendo con que si uno es pobre es porque otro es inmerecidamente rico. El redistribuye los bienes y riquezas conforme a “sus” principios de igualdad y de justicia.
Tengo que admitir que en America Latina la democracia se encuentra indefensa frente al ataque de las demagógias, por la sencilla razón de que la mayor parte del SubContinente hoy es presa de la miseria y la ignorancia, y, es así que éstos gobiernos una vez electos no tienen límites ni riendas, hemos degradado la DEMOCRACIA a nuestros propios niveles e educación y de pobreza, lo cual es, a casi nada.
Pero, cómo sabemos si un Gobierno respeta o no la Democracia, si hace o no lo correcto, pues es sencillo, “todo gobierno que no realice actos que de ser realizado por particulares sea delito, pues hace lo correcto”.
A lo largo de la historia las sociedades han ido evolucionando, de las Tiranías, se pasaron a los Imperios, de los Imperios a las Monarquías, luego a las Monarquías Constitucionales, y luego a la República, a la vigencia plena de los Derechos del Ciudadano, y a la celosa vigilancia ciudadana de los actos del Gobierno.
Sin embargo, la pobreza y la ignorancia van destruyendo día a día el duro camino andado en pos de limitar el poder al soberano, hé ahí el principal motivo por el cual no es conveniente el desarrollo, el conocimiento, la cultura, ni la información para el pueblo, cuanto menos sepa es mejor, es mas fácil manejarlo.
Y, los tiranos entre ellos se apoyan, la ignorancia cuanto más masificada, mayor beneficio para el déspota, y cuanto mejor si estan adheridos a algún movimiento social de turno, se dediquen a la invasión, o estén en los metódicos programas de cierres de rutas del país.
En ése caso son “humildes ciudadanos reclamando sus derechos”.
Domingo Daher.

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