¿Qué papel tendrá el PLRA en el nuevo gobierno?
Lugo presidirá el país gracias, sobre todo, a los votos y a la organización del PLRA. Pese a todo, ese partido no estará en los principales cargos en el futuro gobierno. Cabe preguntar qué hará el PLRA si el Gobierno se aparta de ciertos postulados liberales básicos. El vaciamiento ideológico del partido podría convertirlo en el furgón de cola de una izquierda que adora al Che Guevara y se deleita con Chávez. Actuaría de idiota útil a cambio de algún puesto otorgado con displicencia y a regañadientes por el Poder Ejecutivo. En su campaña electoral, el PLRA se presentó como “El cambio seguro”, es decir, como el partido que garantizaría el cambio, sin los delirios propios del infantilismo de izquierda. Los electores tienen derecho a que sus dirigentes tomen en serio ese eslogan.
Fernando Lugo presidirá el país gracias, sobre todo, a los votos y a la organización del PLRA. El aporte cuantitativo de los otros miembros de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) fue menor incluso que el de los colorados disidentes. Sin embargo, la distribución de los altos cargos del futuro gobierno sugiere que el PLRA no influirá casi nada en la dirección política. No estará al frente de los ministerios del Interior, de Relaciones Exteriores o de Hacienda, que son capitales para el diseño y la ejecución de una política de Estado. El futuro secretario general de la Presidencia de la República, que ya funge de jefe de Gabinete, cargo no previsto ni en la Constitución ni en la ley, integra un partido que solo pudo elegir a un senador y a una diputada.
El PLRA no dirigirá una serie de órganos y de empresas estatales, como las secretarías de Emergencia Nacional y de la Función Pública, la Copaco y la INC, pese a sus insistentes reclamos. En cambio, una de esas secretarías estará a cargo de un partido joven, pero nostálgico de la Unión Soviética, que también logró la nominación del nuevo canciller, habiendo obtenido para sus candidatos al Senado apenas 10.564 votos, o sea, el 0,5% de los válidamente emitidos. Su predicamento va a aumentar. Por de pronto, su líder tiene más presencia en la prensa que el presidente interino del PLRA, quien parece no tener mucho que decir.
El activismo del Vicepresidente electo, que suele desbordar sus futuras atribuciones constitucionales, no puede ocultar que el peso político de su partido es hoy muy inferior a su peso electoral, a la inversa de lo que ocurre con los socios menores de la APC. Así las cosas, cabe inquirir el papel del PLRA en el nuevo gobierno. No se trata de que exija que su esfuerzo electoral sea retribuido con múltiples nombramientos. De hecho, lo ideal es que un nuevo gobierno recurra a los “mejores hombres” como siempre se pregona, pero en este caso, sin embargo, Lugo al parecer desdeñó esa vía y realizó cuestionados nombramientos empujados más por la afinidad ideológica o por la cercanía con algunos de los grupos políticos. De lo que se trata, y la pregunta que cabe ahora es qué hará el partido si el Gobierno se aparta de ciertos postulados liberales básicos. La cuestión no es de cargos, sino de influencia en la futura política gubernativa. Hay fuertes indicios para suponer que, pese a que la izquierda fracasó en las urnas, puede imponerse ideológicamente y marcar el rumbo del Gobierno. El vaciamiento ideológico del partido llamado liberal podría convertirlo en el furgón de cola de una izquierda que adora al Che Guevara y se deleita con Hugo Chávez. Actuaría de idiota útil a cambio de algún puesto otorgado con displicencia y a regañadientes por el Poder Ejecutivo.
Del reclamo de que las designaciones no se hagan a base del “cuoteo” político, sino a la idoneidad, se dedujo que hay una relación inversa entre el caudal electoral de un partido y la competencia de sus miembros. Esta falsa conclusión favoreció notoriamente a minúsculas agrupaciones políticas. ¿Acaso el PLRA tiene menos afiliados idóneos que los que han sido nominados? Sus dirigentes, por cierto, no se han mostrado muy hábiles a la hora de ocupar futuros espacios de poder. En el marco de la politiquería que limita su horizonte político, trataron de pellizcar para sus respectivos sectores algún cargo dotado de un buen presupuesto, quizás, pero irrelevante a la hora de incidir en la orientación gubernativa. El “internismo” le sirvió a Fernando Lugo para anunciar las designaciones, ignorando la institucionalidad partidaria, de por sí muy frágil. Cada uno de los “jefecillos” negoció, por su cuenta, con el presidente electo. El resultado está a la vista. Repetimos, ese tipo de negociaciones no se hubieran hecho si el objetivo era elegir a “los mejores” en vez de repartir nuevamente cuotas de poder.
En su campaña electoral, el PLRA se presentó como “El cambio seguro”, es decir, como el partido que garantizaría el cambio, sin los delirios propios del infantilismo de izquierda. Los electores tienen derecho a que sus dirigentes tomen en serio ese eslogan desde el 15 de agosto, empezando por dejar de lado la politiquería y dedicarse a la política. Si no respondieran a la modesta exigencia de pensar en el país y no en el movimiento interno, serían merecidamente castigados en las futuras elecciones. Queremos creer que su ambición no se limita a gozar ahora de los cargos que se les confiera casi donosamente.
El común denominador de los liberales paraguayos no debería ser solo el color azul y la polca 18 de Octubre, sino también, sobre todo, un repertorio de valores irrenunciables, entre los cuales sobresale la libertad política y económica. Sin ellos, el PLRA no tendría ningún sentido, salvo el de ser un conglomerado de politicastros ávidos solo de “estar en el Gobierno” para satisfacer sus apetencias y las de sus respectivas clientelas. Eligio Ayala esperaría algo más. Valga invocarlo, por si su nombre aún fuera significativo para sus correligionarios de hoy.
Editorial del Diario ABC Color. 12/08/2.008.

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