Es bien sabido que la naturaleza chaqueña no es un espacio hospitalario para el ser humano. La experiencia de la guerra refiere que una de las peores exigencias a la que fueron sometidos soldados beligerantes en la contienda fue la escasez de agua: esta fue enemiga común de ambos bandos.
El ministro de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), Camilo Soares, debe comprender que la solución requerida para el Chaco paraguayo no va a avanzar un milímetro si se recurre otra vez a debates anodinos y estériles sobre la utilidad o inutilidad del rally que desde hace tanto tiempo se realiza en esa región.
La crítica situación del Chaco debe ser aprovechada por el actual Gobierno para exponer sus mejores ideas y personas, capaces de ejecutar las propuestas de cambio publicitadas, y una política diferente que consista en superar el mero asistencialismo –dañino por donde se lo mire– y adelantarse hacia soluciones permanentes.
La pavada de la suspensión del “Transchaco Rally” solo sirve para dar el gusto a unos cuantos resentidos sociales, dogmáticos y prejuiciosos que, por cierto, les están haciendo un muy flaco favor a la imagen y al prestigio del nuevo Gobierno.
Si las urgencias sociales que nuestro pueblo sufre en distintos lugares y momentos van a ser empleadas para prohibir o restringir competencia, actos y celebraciones, alegando salud pública, seguridad, moralidad u otros factores como estos, deberíamos estar preparados para que la SEN prohíba Caacupé el 8 de diciembre, los carnavales, el uso de los balnearios o las conmemoraciones de Semana Santa, por los abusos que se cometen a lo largo y ancho del país y que tienen solución en otras esferas.
Alguien tiene que poder detener a la estupidez cuando esta alcanza niveles superiores en la política gubernamental.
Extracto del Editorial del Diario ABC Color. 26/09/2.008.

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