PROYECTO POLITICO vs. GOBIERNO.
Sería imposible de entender la coyuntura política si no dividimos el luguismo en dos: por un lado está el proyecto político de largo plazo dirigido y liderado por Fernando Lugo con sus programas, financiación y dinámica, propias. Sus principales referentes están instalados en el Palacio de Gobierno y en las secretarías dependientes. Tienen por objetivo instalar la Democracia Participativa y el Socialismo Siglo XXI.
Por otro lado está el Gobierno, con los ministros que conforman el Gabinete que no tienen la conducción, ni siquiera la orientación del Presidente de la República para lidiar con la coyuntura, con los conflictos típicos de un país en crisis. Al Proyecto no le viene mal que fracase el “Gobierno” para desprestigiar la democracia representativa y la economía social de mercado mientras consolida sus bases propias.
Paradójicamente, suponen que cuando más fracaso acumule el Gobierno, más fácil les resultará a los del Proyecto proponer el cambio que ellos quieren.
Lugo, cuando aún no era candidato y estaba lejos de ser Presidente, desarrollaba libremente sus convicciones y pensamiento políticos.
El Lugo auténtico decía: “Paraguay no puede seguir siendo una isla diferenciada del resto de los gobiernos de la región… Creemos que los nuevos vientos de la región, con estos gobiernos progresistas, le han dado una nueva imagen a América Latina”, declaraba a un diario de Montevideo. En Quito era mucho más preciso: “Ha llegado el momento histórico para construir e implementar un nuevo proyecto socialista, es decir, la democracia participativa… El primer ciclo de la vida moderna ha llegado a su fin… Por más de 200 años desde la Revolución Francesa hasta la actualidad el género humano ha transitado por años de anarquía y la corrupción… Mucha gente se da cuenta de que el sistema de la economía de mercado no resuelve los problemas de la humanidad… El Socialismo del Siglo XXI es un nombre para que ese nuevo vehículo de la humanidad ponga orden en la Democracia Participativa”.
El Gobierno cae en manos de Fernando Lugo de manera inoportuna. El proyecto del Presidente no ha madurado lo suficiente para sostener un Gobierno que pretende incorporar al Paraguay a la corriente latinoamericana de Ecuador, Bolivia y Venezuela.
OPORTUNIDAD y ERROR DE CALCULO.
La actual y momentánea inconsistencia de la base política del Presidente le obliga a encontrar alguna fórmula de cohabitación con el PLRA, de gran protagonismo en las elecciones y con una fuerte presencia en el Parlamento.
Durante todo el proceso de conformación de la Concertación opositora, Fernando Lugo hizo lo imposible para que el acuerdo político no concluyera felizmente, porque implicaba un acuerdo amplio con sectores políticos y sociales sobre programas y procesos de toma de decisiones, incluyendo los nombramientos del futuro Gobierno.
Coherente con sus convicciones más arraigadas sobre la invalidez del diálogo, el consenso, la concertación como herramienta de la política –“no llegará la síntesis de la democracia participativa por medio de la empatía y el convencimiento de todos… sino por la acumulación brutal del poder constituido que logre ser superior a la de los conservadores”, decía Lugo en el Ecuador–, prefirió la negociación que mejor asegure su propia candidatura y mando.
Con este propósito no dudó en aceptar la propuesta del partido que representa la antítesis de su ideología a la vez que, según él desde siempre, la principal amenaza para su Gobierno. “También se puede preguntar cómo yo puedo estar con el Partido Liberal, un partido oligárquico..”, había expresado en Montevideo en la etapa preelectoral, para que luego de ser electo el 20 de abril declarara que los “oligarcas están con las fauces abiertas”, según tapa de un diario de Asunción.
Con un simple ejercicio de une con flecha uno puede empezar a comprender la historia reciente y sus consecuencias en las relaciones internas en el actual Gobierno. Se pueden explicar las discrepancias y peleas entre sus ministros así como sus desavenencias con su vicepresidente.
El resultado de su intervención preelectoral fue la aniquilación de la concertación –sustituida por la “Alianza Patriótica para el Cambio”– y la presentación de la candidatura de Lugo sin ningún tipo de acuerdo que permita coparticipar del Gobierno. El inicio de la acumulación del poder parecía augurar buenos resultados, para su proyecto, a corto plazo.
Sin embargo, sus ideas políticas son incompatibles con el método elegido para acceder al Gobierno de la República y alguna concesión debe hacer por el momento.
Lastimosamente, para todos nosotros, se propone mantener y desarrollar el proyecto a costa del prestigio y la eficiencia de su propio Gobierno, representado por su Gabinete.
DEMOCRACIA PARTICIPATIVA vs. DEMOCRACIA REPRESENTATIVA.
La Alianza Patriótica para el Cambio (APC) con Fernando Lugo a la cabeza desarrolló la campaña electoral sobre la base de una idea fuerza: “la alternancia”. La gente compró la idea, inclusive vastos sectores del propio Partido Colorado reconocieron la necesidad de un cambio como condición necesaria para sacar al país de entre los más atrasados del planeta, pero sobre todo querían infligir una derrota electoral a Nicanor Duarte. La oposición gana las elecciones, el Gobierno reconoce la victoria del adversario y se procede al traspaso democrático del poder sin ningún tipo de inconvenientes. Hecho histórico, había mucho margen para la esperanza.
El traspaso del Gobierno a una fuerza opositora puede y debe clausurar la etapa de la dictadura con elecciones periódicas. Por fin los paraguayos formalmente podríamos afirmar que la declaración constitucional “La República del Paraguay adopta para su Gobierno la democracia representativa, participativa y pluralista…” (Art. 1) y “El pueblo ejerce el Poder Público por medio del sufragio..” (Art. 3) era una realidad.
La gente sin lugar a dudas quería un cambio de Gobierno en el marco de la democracia típica, la que establece nuestra Constitución. Pero, asumido el nuevo Gobierno, muy pronto la idea de cambio asociada a la alternancia como punto central es abandonada y empieza a instalarse una nueva idea de cambio. Desde ese momento la certeza de la consolidación de la democracia mediante la alternancia se convierte en una inquietante incertidumbre sobre el contenido, nunca explicado oficialmente, de la idea del cambio.
LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA en América Latina.
El presidente Lugo, como ya lo vimos, es un ferviente partidario de la “democracia participativa” o de la “real democracia” como él lo describiera: “Estamos llegando a construir el socialismo del siglo XXI, un socialismo fresco y nuevo, impulsando la democracia participativa, o sea la real democracia…”.
Leonardo Boff, uno de los ideólogos de la Teología de la Liberación y referente importante en la formación del ex obispo Fernando Lugo, dijo: “Yo creo que la democracia burguesa es la DICTADURA de la clase burguesa. Tiene muchos partidos, cambia de manos el poder, pero la estructura del poder no cambia nunca”.
Si observamos el comportamiento de los países que lideran el proceso de construcción de la democracia participativa como Ecuador, Bolivia y Venezuela, podemos establecer fácilmente las principales características del modelo y su diferencia con la que adopta nuestro sistema constitucional, que es la Democracia Representativa.
1). En la Democracia Representativa (DR), el pueblo elige a las personas que en su representación ejercerán el Poder Político mediante las elecciones que periódicamente se realizan; en este sistema los partidos políticos son la base organizacional. En la Democracia Participativa (DP) se pretende que esa representación la ejerzan las organizaciones sociales en un sistema más “directo” de participación, pero que hace muy difícil identificar la veracidad –no hay elecciones fiscalizadas– de la invocación permanente “en nombre del pueblo” o en nombre de “las grandes mayorías populares” que hacen sus dirigentes.
2). En la DR la representación se ejerce en el marco de un diseño institucional establecido en las leyes. La institución de representación por excelencia es el Parlamento, el Congreso Nacional, y en los niveles subnacionales las Juntas Departamentales y Municipales. La DP, en cambio, apuesta a las asambleas populares, las audiencias públicas, etc., como el ámbito de las decisiones comunitarias de observancia obligatoria.
3). En consecuencia, en la DR los ciudadanos reconocemos a nuestros representantes la facultad de imponernos normas de conductas a través de la ley. Si el Congreso sanciona una ley y el Presidente la promulga, debemos cumplirla desde el momento que entra en vigencia y mientras no sea derogada. Es decir, podemos saber qué podemos y qué no podemos hacer. En la DP las cosas son menos predecibles porque la ley tiene un valor relativo, depende si es conveniente observarla. El presidente Lugo había dicho que “no se debe morir por la ley, hay que observarla si conviene”. Es decir, qué podemos o no hacer depende de lo que decida “la asamblea” o “la audiencia pública”, etc. De esta manera las organizaciones sociales comparten el rol “legislativo”, por llamarlo así, con el Congreso.
En nuestra incipiente experiencia de democracia participativa, el rally del Chaco y el intento de impedir el cultivo de la soja en Vaquería son buenos ejemplos para entender la diferencia. La realización o no del rally se pretendió que dependa de la resolución de las “audiencias públicas”.
En Vaquería se preguntó si había una ley que prohíbe plantar soja, la respuesta fue “no, pero la comunidad no lo va a permitir porque envenena el ambiente, a la gente y sus animales”.
4). En la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA tenemos un claro régimen de división de poderes. En la DP hay una mayor concentración del poder en el Presidente permitiéndole ciertas funciones legislativas e inclusive judiciales. Por eso la reforma constitucional es imprescindible.
Al votar a Lugo no se votó por el cambio de sistema ni del régimen constitucional. Ejercer el poder al margen del modelo constitucional actual convierte la legitimidad de origen del Presidente en ejercicio ilegítimo del poder en las actuales circunstancias.
RESUMEN.
1. El presidente Fernando Lugo pertenece primero a la Teología de la Liberación y luego al Socialismo Siglo XXI. Desprecia la economía de mercado y la Democracia Representativa. Su proyecto político de largo plazo es instalar esa corriente. En la actualidad no lo puede hacer porque su estructura política es muy débil. Desde el Gobierno y con los programas de carácter social administrados por sus compañeros de ruta irán construyendo las organizaciones leales al proyecto.
2. Sus verdaderas intenciones políticas no serán expuestas hasta que se sienta suficientemente fuerte para imponerlas. Esta comprando tiempo y va a avanzar hasta donde la sociedad le permita. Él, por ahora, no puede controlar ni la profundidad ni el ritmo de los cambios que desea.
3. El Gobierno que surge con la alianza del PLRA no le sirve más que como medio para evitar el aborto del proyecto y para desacreditar la democracia representativa y la economía de mercado. Hará concesiones estratégicas al Gabinete de Ministros, mantendrá las confrontaciones internas y asumirá el riesgo del desprestigio de su Gobierno. Es que el Gabinete y los demás poderes del Estado representan el sistema que aborrece pero que al mismo tiempo le permite disponer de poder y recursos del Estado para avanzar con su proyecto.
4. La ética socialista –“No habrá socialismo sin transformación económica, no habrá socialismo sin una democracia participativa y protagónica en lo económico, no habrá socialismo sin ética socialista”. Quito, 22 de Agosto del 2007– no le permite trabajar el consenso, no le permite concertar con los partidos políticos “conservadores” u “oligárquicos” y menos aún con las organizaciones gremiales o empresariales que representan el modelo económico que “enriquece a los ricos y hace más pobre a los pobres”. La convocatoria al diálogo a estos sectores no tendrá otro propósito que mantener el control sobre ciertas y determinadas situaciones de riesgo para él.
5. El Presidente demostró tener paciencia y sentido de la oportunidad. Administrará el tiempo y los recursos para ir concentrando, gradualmente, el poder político. El poder de decisión ya lo tiene totalmente controlado; avanza hacia el control del sistema de información del Gobierno y sobre el control de la asignación y aplicación del dinero público para evitar la financiación de cualquier competencia política posible.
EL PROBLEMA y LAS AMENAZAS.
El problema del Paraguay es el atraso y nuestro desafío permanente es la modernidad. Tenemos un Estado, una forma de actuar y de pensar lo político, una forma de relacionarnos, de estudiar y de educarnos e inclusive de producir totalmente superadas en el tiempo por el avance de la política, la tecnología y el conocimiento.
Tenemos un Estado ineficiente, depredador. Un sistema político que premia al operador electoral y desconoce al ciudadano. Es decir, tenemos una democracia de privilegios y privilegiados mientras el resto solo puede observar perplejo, angustiado o furioso como sus demandas son ignoradas por el Gobierno y por la dirigencia.
En Paraguay no fracasó la Democracia Representativa ni la economía de mercado. Fracasó la dirigencia política y en gran medida la de las organizaciones gremiales y sociales que distorsionaron el modelo hasta hacerlo irreconocible.
No nos engañemos, la Democracia Representativa y la Economía de Mercado son las mejores herramientas que tenemos para enfrentar nuestros problemas actuales y los desafíos del futuro. La libertad dignifica y no causa atrasos, es la opresión la que quita oportunidades y denigra al ser humano.
En este sentido, las peores amenazas sobre las generaciones futuras son la reacción de un modelo que se fue y es el principal responsable de la situación que vive la República, por un lado, y por otro, la adopción de un modelo político y económico nuevo en su formulación pero viejo, conocido y fracasado, en su concepción.
El Partido Colorado con sus dirigentes, salvo excepciones, de los últimos 60 años, y el Socialismo Siglo XXI con sus propuestas que al final lo que pretenden es cercenar las libertades, son las peores amenazas para la modernidad. El primero nos ancla al pasado y el segundo nos lleva a un rumbo de confrontaciones y de ineficiencia económica asegurada.
LA SOLUCION POSIBLE.
Para vivir en libertad y con oportunidades para realizar nuestros anhelos tenemos nuevas posibilidades, debemos rectificar y debemos trabajar afanosamente en:
1) Construir muros de contención, a la derecha para evitar un salto al pasado y a la izquierda para no ir a un socialismo de claro tipo autoritario, excluyente y violento.
2) Aprovechar la oportunidad de tener un Presidente legítimo, fortalecer el Gobierno pero haciéndole entender con todo tipo de acciones que la gente le votó a él no a su indevelado proyecto político. Transcribo el mail de una amiga: “Yo respeto la libre elección, si el pueblo hubiera votado por Lugo y su real ideología hubiera dicho ‘paciencia’. Pero esto es un fraude electoral, peor de lo que tuvimos en el pasado, porque él usurpó el sueño de un país mejor, que apostó a su último aliento de esperanza, expectativa que con los otros gobiernos ni nos permitimos albergar”.
3) Recuperar el sentido de comunidad nacional para permitir el esfuerzo colectivo. La lucha de clases que ahora se plantea así como la división entre “buenos y malos paraguayos” que dominó la escena política paraguaya en el pasado responde a la misma estrategia de dominación y exclusión. Necesitamos reconstruir nuestros lazos y vínculos sociales y políticos para la convivencia pacífica, armónica y fecunda en la construcción del gran paraguas que nos proteja a todos, un país que funciona.
4) La mejor vía política para enfrentar la crisis y viabilizar el país es una gran concertación política, económica y social que se comprometa a la defensa del marco institucional y acuerde con toda claridad el rumbo que tendrá nuestro país en las próximas décadas.
5) Tenemos que lograr que Lugo sea el Presidente del Gobierno de una concertación ampliada, aunque se haya negado a ser el candidato de una concertación política en el pasado.
Gonzalo Quintana.

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