Señores:
La cuestión que plantea Ana Rivas, en vuestro excelente servicio de opiniones, en conjunto, tiene una respuesta muy sencilla, al menos desde mi ángulo de apreciación personal.
Plantea ella los problemas en interrogante pero debiera ser en respuestas pues todo el país lo ha advertido a su debido tiempo. Es más claro que el agua del manantial de los arroyos, pues, no es posible ofrecer, y menos, realizar, cambios substanciales, mientra el gobierno tiene un Presidente educado y formado en la vieja escuela secular ´religiosa, evolucionado en la sólo teorizada agrupación de “sacerdotes de la Liberación”, coaligada con un sector doctrinariamente no definido de mi Partido Liberal, a secas, pues Radical lo fue desde una de las revouciones de los dirigentes venidos de Europa, y “Auténtico”, ¿cuándo el Liberaliso Paraguayo no lo fue?.
El problema está en la propia “alianza” de los que se juntan pero no se unen. Unión es pensar y actuar igual. Pude haber armonía en sus propias diferencias, norma esencial del Liberalismo, pero en las metas debe haber una sola voz grupal o colectiva que traza clara y valientemente su objetivo siguiendo las pautas de una Doctrina definida.
¿Logró la “Alianza” pensar y actuar unida?. Pienso que no.
Es que el Presidente gusta del Socialismo a pesar de su formación clerical tradicionalmente conservadora dentro de su etapa de formación que fue stronista, desde su caracú familiar colorado-epifanista hasta la comodidad de haber estado protegido por el autoritarismo colorado de la dictadura precedente.
Moralmente no es posible. Politiqueramente si. Está visto, para la desilusión del pueblo paraguayo.
La prueba está en que, habiendo sido mayoritario el aporte electoral Liberal no lo refleja en su decisión de formar un gabinete azulgrana y un intermedio blanco. Linda bandera paraguaya pero, en su ejecutoria inicial, se trata de ideas de izquierda de un Presidente, gravitación marxista de un gabinete, una cómoda ubicación vice-presidencial fortalecida por un conformismo personal de alegría a espaldas del resto de la clase dirigente Liberal y dos furgones de cola (Llano, un joven sin curriculuum de lucha Aloniana, la fragua de los Liderazgos del Liberalismo, y un no sé qué rico al frente del Ministerio de Agricultura que debe proyectar su inteligencia hacia lo agrario, ricos y pobres, pero que se empabona con los entornos de la riqueza privada…
Por los otros lados, la minoría electoral ocupa la mayoría del gabinete. Esto no puede ocurrir ni en la Luna pero como en Paraguay todo es “fuera de serie” en el gabinete no hizo falta la proporción que proviene de las urnas sino el capricho o consignas del imperio del petrodólar venezolano.
Como representante de la juventud un nuevo Ministerio de Emergencia pone de “emegencia” a un joven de buen hablar pero de poco actuar, por su misma juventud, allí donde se necesita a alguien de ideas democráticas y no de aquéllas que ensombrecen al mundo entero con la amenaza de un retorno totalitario que el más pacífico y democrático ciudadano no desea para nadie, salvo que sean quienes sólo quieren vivir del Estado y no de sus propios esfuerzos.
Para rematar el “poupurrí” carnavalezco del gabinete. Por suerte, tal Secretaría es llamada “de Emergencia”, término que conlleva a pensar que será “para mientras tanto” y no en definitivas.
Para fomentar “el cambio” ahí está otro joven. Ése si que es un heredero de familia afortunada. Reparte dinero de su fortuna privada para los danificados del Chaco.
Es señal de que el gabinete del gobernante líbero-clero-socialista está formado por hombres de ideas marxistas y amos extranjeros con máscaras de izquierda pero esencia y ejecutoria nazi. Hay otros, “hijos de papá” a quienes en sus tiempos de niño se lo llamaba “el Dieguito Llorón” porque lloraba por cualquier cosa, seguramente de tizne gris de burguesía aunque en consenso con un gabinete que por un lado patea por la derecha, por el otro por el centro y por el otro por la izquierda. Pobres zapatos cuyos dueños caminan sobre clavos, espinas y barro.
¿Cómo se puede hacer así un “Cambio”, salvo que se olviden lo que prometieron en sus campañas electorales y tomen a risa a los que los creyeron y votaron por ellos?.
Sólo un pueblo inocente, ingénuo y conformista puede ceer que se puede “cambiar” cuando ni los hombres de gobierno saben hacia dónde deben tomar el camino para cambiar al país?.
Díganle a la colega articulista Ana Rivas que, con toda su buena intención de pontificar, debe re-examinar sus opiniones para que sean más certeras o, por lo menos, que forme cola y haga más méritos que los que ostenta antes de analizar los problemas de un gobierno que no sabe adónde ir o que, a lo mejor, para beneficio del Paraguay, no puede ir a la izquierda ante el fervor invencible del sentimiento democrático del pueblo paraguayo, ni puede ir al centro por falta de vocación y, menos, no puede ir a la derecha porque del legado stronista vienen, y eo si es pura Derecha.
Ahí está su víctima. El pueblo paraguayo, al menos la gran mayoría de familais, hombres y grupos sociales y polìticos, que syfren las consecuencias desastrosas de haber sufrido tanto vejamen y tantas marginaciones que, Señor Obispo, panegiistas suyos e “idiotas útiles” ojalá no nos devuelvan a esas épocas de esclavitud que manchan con sangre la historia polìtica nacional de estas últimas décadas.-
Atte. y perdonen algunas ironías contestatarias y polemicas de vuestro compatriota.
FÉLIX MARÍA CÁCERES.

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